Reunión 4

Canalización de un espectro

Dejo entre las manos… ¿Quién te ha dado esa llave? (A Orlando).

            ¿Qué tiempo es?

–Siglo veinte y uno, año dos mil quince.

            ¿Y ustedes son?

–Afatos.

–¿Quién eres tú?

            No es tu casa.

–¿Quién eres tú?

            Tampoco es tuya.

–Le señaló a usted, pregunte.

–Es de mi familia, la casa es de mi familia…

–¿Quién es?

–No, pregúntele quien es el…

–¿Quién eres tú?

            Todo esto es mío.

–Fue. En tu tiempo, en tu espacio.

            ¿¡Por qué cerraste la puerta y pusiste un perro a vigilarme!?

–Ya sé quién es…

–No se… ¿Cómo te llamas para poder conversar?... cerré la puerta porque no me quisiste dar nada.

–El patrón de Manuel…

            Repítelo.

–El patrón de Manuel…

–¿Por qué estás aquí?

            Hay suficientes…

–¿A qué viniste?

            No vienes a lo que es tuyo muchacho… Quiero… irme. El me trajo…

            Quiero irme.

–¿Qué necesitas?

            Yo condene a muchos, ya no es agradable verlos desde una ventana si la puerta está cerrada.

–¿Cómo te llamas, podemos presentarnos?

–Ya conocimos a tus empleados, no al patrón. Fuese bueno saber quién          eras.

            Dile a tu perro que se vaya.

–¿Por qué, porque le temes si no te va a hacer daño a menos que tú nos quieras hacer daño?

–Él nos cuida como Manuel te cuidaba a ti, viene a ser lo mismo.

            Manuel no era tan bravo.

–Muy leal.

            Todo peón es leal.

–¿En qué época viniste de España?

            Mil ochocientos cuarenta y tres.

–¿Y qué te trajo acá?

            Las balas muchacho.

–¿A qué te dedicabas entonces?

            Era lo que Manuel para mí.

–¿De quién?

            Mi padre…

            Han preguntado cómo deshacerse de mí.

–¿Qué quieres, y que nos puedes dar y en que te podemos ayudar?

            ¿Qué puede dar un muerto a un vivo?

–¿Qué necesitas para irte?, tu entiendes que ya no eres de este tiempo.

            Una sola piedra del pozo, una y me iré.

–¿Qué hago con esa piedra del pozo?

            Dale sepultura a quien yace en ella.

–¿Te sepultamos en el mismo pozo?

–No, una de las piedras del pozo tiene que ser enterrada, en un cementerio.

–A ti te sepultaron en el pozo.

–El mato a alguien y lo dejo en el pozo, a cinco, no a uno…

–Ese es el pendiente que tiene.

            La familia de Evaristo, pero ellos ya no están; y yo sigo aquí.

–Ya se fueron, tú no te presentaste cuando debiste.

            Creí que querían quitármelos y lo hicieron. Ahora reclamo ser enviado igual. También fuiste patrón; debes entender lo que sentí.

–He sido patrón pero no despiadado.

            Tuviste a alguien muchacho, vienes de cuna de patrones; no me hables de no conocer de que hablo.

–Yo te entiendo, te entiendo perfectamente.

            Pide lo justo, denme justicia sea donde sea que yo vaya y teniendo claro a donde iré…

–Necesitamos saber tu nombre para darte sepultura.

            No, este cuerpo puede transmutar mi voz; yo ya no tengo conciencia, pero conoces quien fui, eso basta…

–¿Y te puedo preguntar, como… porque acumulaste tanta riqueza?

            Han buscado al… sepulturero incorrecto, los indios que trabajan para mí, me dieron lo que tuve. Eran de tu cuna (se refirió u uno de los presentes); más grandes y fornidos, he un rastreador de oro. Millonario en sus ojos, de ellos me aproveche. Esta raza podía encontrar piedras amarillas en ríos negros.

            No hallaran nunca el entierro, no lo harán; yo los enterré con el ¿Qué creen que era el pozo, si no mi mina privada?

            ¡Yo era el dueño de ese entierro, y yo hice un pozo de el!... ahora pido me liberen. Hasta ustedes se cansan y aún tienen piel.

            ¡Yo soy un alma hueca Jorge, sin propósito ya, esto es tu tierra!, ahora entiendo a Evaristo. Dame mi libertad…

–Te doy tu sepultura, la piedra en un cementerio.

            Las piedras caerán conmigo.

–¿Qué me quieres decir con eso?

–Una vez que cumplamos, todo lo que se viene se va a venir, ¿Ese tipo de piedras?

            Nadie, hombre o ángel, algo te puede dar. Cuando encuentras la luz al final del camino, debes quitar las piedras de él. Quítame…

–¿Me puedes decir de otra forma?, no te entiendo.

–Quiere que saque cinco piedras del pozo y las entierre en referencia a los cinco que asesino el para poder descansar.

            Ambos, ambos descansaremos en paz. Tú con cuerpo…

–No tengo problema en hacer eso, ¿tú me quieres dar algo a cambio, de tu propia voluntad?

–Ya le dijo.

–Ya le dijo, va a tener la paz, tranquilidad.

–Dile que se vaya.

–¿Cómo?

–Es con Orlando…

–Es la última pieza del rompe cabezas.

–Te vamos a hacer, pero dime tu nombre.

 

            Ya no me permiten tener un nombre. Ya no sirvo a Yave.…