Libro de neim

Libro Dorado

Expulsión

 

            Mi nombre es Neim, maestros humanos ¿hace cuánto tiempo no veía?

- ¿Cuál es tu nombre y tu potestad?

            Soy Neim, el sepulturero de los Dioses, fui el encargado de custodiar el cuerpo de nuestros hermanos caídos y fui quien los enterró, pero al ser inmortales no puedes guardarlos bajo tierra, pero si en mi estómago, me llaman sepulturero, pues devoré el cuerpo de mis hermanos muertos.

- ¿Cuál fue la intención para hacerlo?

            Una orden, un castigo, tú castigo Azrael, sirviente de luz, Leiuqazhtana, guardián de los diamantes de la espada de Miguel, me veo en ti, no eres un maestro ¿o sí? ¿Qué eres? ¡Respóndeme! ¿Qué eres?

Deisy: Un espejo

            ¿Quién te dio ese poder?

Deisy: Joan.

            Povók.

            No, él no interviene con los humanos, no les da poder, o no lo hacía. ¡Hermano!

            ¿A qué he venido?

- A dar un dictado.

            No. Es mi turno de estar en la tierra, es mi turno de habitar en ella, no voy a volver así, no tan fácil.

- ¿Por qué crees que tienes el derecho de quedarte?

            Todos se han quedado y han salido, todos han estado entre ustedes, todos han dictado, todos.

Iván: Aquí y ahora llamo a los ángeles sirvientes de Miguel a rodear este sitio, a observar e intervenir si fuera necesario, bajo mi mando y por el permiso que he tomado, dado de los dones del Hijo de Dios al hombre, gracias por acudir. Heme aquí escuchando, exhortando, concediendo absolución, liberando, condenando, encerrando en el nombre del Hijo de Dios….

            No, no, no…

Iván: Muéstrense ante mí…

            ¡Tendré un comportamiento pacífico! ¡No continúen! ¡No! Déjenme hablar. Los grandes vientos serán el inicio del fin, las grandes cúpulas perderán su poder.

            ¿Qué conocimiento puedo darles yo? ¿Qué conocimiento a cambio de algo de tiempo en su tierra? ¿Qué necesitan saber?

Iván: Muéstrese ante mí, aquel que este y no deba estar o lo buscaré yo mismo y no tendré piedad de él.

Aquí y ahora llamo a los ángeles sirvientes de Miguel a rodear este sitio, a observar e intervenir si fuera necesario, bajo mi mando y por el permiso que he tomado, dado de los dones del Hijo de Dios al hombre, gracias por acudir. Heme aquí escuchando, exhortando, concediendo absolución, liberando, condenando, encerrando en el nombre del hijo de Dios, muéstrese ante mí, aquel que este y no deba estar o lo buscaré yo mismo y no tendré piedad de él.

Aquí estoy, me muestro ante ti.

-Has estado utilizando a gente que está aquí alrededor nuestro y a todos los allegados para herirlos, para dañarlos, para causar heridas físicas, materiales en todo sentido. La orden es directa, deja a los nuestros en paz. La orden ha sido dada con la orden del Padre, por intersección de su Hijo, nuestro hermano, que se volverá Padre, y él es el poder de nuestro espíritu.

Jandry: Jesucristo, mi Dios, mi hermano, intercede ante mi Padre, nuestro Padre, para que regrese al sitio del que nunca tuvo que salir, para que deje de lastimar a lo que nos rodean, a nuestros hermanos. Jesucristo, mi hermano, Hijo de Dios, mi Padre, hermano intercede ante mi Padre para que este regrese al sitio del que nunca tuvo que salir y así deje de lastimar a los nuestros y a los que nos rodean. La orden ha sido dada, tendrás que aceptarla y obedecerla, vas a dejar de molestar a los nuestros y volver al sitio del que nunca tuviste que haber salido.

 

-Con tu nombre te sellamos.