Libro de Milluc

Libro Dorado

Adarín

         Puedo reconocer tu aroma, no eres la misma sin embargo ¿Qué ha cambiado en ti? Ella huele como olías. ¿Qué sabes de mí? ¿Qué les has dicho de mí? Demonio elemental, maestro elemental. Todo el que llegó a ser maestro en la tierra, fue llamado demonio por los hombres, yo fui llamado demonio por los de mi reino y por ustedes, no soy quien aprendió de los elementales, yo soy un elemental, ustedes me llaman “Bosque”, en mí descansan todos los elementales, ahora antigua portadora y nueva portadora ¿qué les puedo dejar? A ti también hijo de Af, tú y yo tenemos historia, por esto no te veo, estoy en tu casa, no soy mal educado ni irrespetuoso, mas el portador no conoce lo que lleva, el poder de quien llevas fue dado por la mano de las brujas a él, tan poderoso como ellas, yo soy parte de ese poder ¿qué es lo que quieren aprender? Fasuel me dio el nombre de Milluc, era más lógico hablar con un amigo con nombre, que hablar con el bosque, él me dio ese nombre. Un niño frente a un viejo anciano, le contó que las hojas de los árboles y el agua le hablaban. ¿Todo en conjunto te habla? –Le preguntó- ¿o escuchas uno solo de ellos?... Escucho al señor de todos ellos le dijo, entonces ¿cuál era su nombre? ¡Fasuel! Ve y toma al señor de todos los elementos y dale nombre, pues solo aquello a lo que le des nombre te servirá. La lengua se les fue negada a los hombres, a todos ustedes, todos incluso necesitan una boca para hablar, nosotros carecemos de esas minucias, solo si alguien nos canalizara, pocas veces verás movimiento en los gestos de nuestro rostro, no usamos nuestra voz, nos estás escuchando en tu cabeza, solo las bestias mantienen su lengua, solo los animales, ni un ser más, deben volverse animales, después de todo, los animales son parte del bosque, si buscas elementales muévete, bosque y serás todos ellos y podrás pedir a las piedras que se muestren, podrás pedirle al río que cante.  Se sentó el niño al lado mío, no tenía más de ocho años, y empezó a nombrarme, me dio varios nombres y encontré uno entre ellos… ¡Adarín!... ¡No niño, eso suena débil! Después de muchos intentos me nombró… La madera que tienes en tu piso desciende de mí, cuando escuches que he pisado, es el bosque quien te saluda… y entonces me dijo ¿te gustaría el nombre del demonio que mi padre ha matado por intervenir en el libre albedrío de un hombre?... ¿Qué nombre? –Le pregunté- Milluc, me dijo, pero muchacho eso haría que los hombres me llamen demonio ¡hazlo! ¡Dame ese nombre! Que todos teman entrar al bosque y hasta hoy todos temen. Esa es mi historia, algo distinto de lo que los hombres esperan. Has crecido mucho en este tiempo, no defraudes a ti mismo regresando a los pasos con tacos, mantén tus pies en el suelo. Ustedes deberán entrar al bosque, entonces solo cuando yo los invite podrán verme y escucharme, no a través de un cuerpo de hombre, sino como ya lo han hecho los dignos, aún hay hombres que no son dignos, sean y existan y cuando existan seremos.