Jerardeth

Miguel: ¿Cómo te debo llamar a ti hijo de Máxium? ¿Por qué tu presencia?

Jerardeth: Porque tenía que estar aquí.

Miguel: Cuando portaba…

Jerardeth: Cuando tú fuiste portado por Jesús, aun ahí estuve siguiéndote ¿Por qué no puedo estar ahora aquí?

Miguel: No he dicho que no eras bienvenido.

Jerardeth: Me has preguntado.

Miguel: El porqué de tu presencia.

Jerardeth: ¿No puedo estar aquí?

Miguel: Sí, nadie aquí es tu enemigo.

Jerardeth: Lo sé.

Miguel: Pero hay conciencias que aún no te conocen.

Jerardeth: No me reconocen.

Miguel: No.

Jerardeth: Mas yo sí.

Miguel: La carne sigue preparándose para enseñar al Padre, mucho de lo antiguo…

Jerardeth: En otros tiempos siempre fui excluido, siempre estuve detrás de todos, todos me dieron la espalda.

Miguel: Las garras ya no son guiadas por ustedes, eres bienvenido amigo, tu conciencia también, es grato saludar un amigo, pero no he venido en calidad de maestro esta vez, sino en calidad de visita, hijo de Máxium, viejo amigo “Jerardeth” ¿hace cuánto no mencionan tu nombre?

Jerardeth: Siglos, milenios, eones…

Miguel: No, Jesús también lo nombró.

Jerardeth: Milenios.

 

Miguel: Eres bienvenido amigo, es muy grato recordar, las razas éramos una sola, todas por igual, alados y grandes con grandes cabezas, Jesús abolió esas leyes y caminamos separados, jamás dejamos de llamarnos amigos y no lo haremos.