Salve de las vacas

Una noche, muy oscura en realidad, Salomón armó su campaña y fue lejos con sus discípulos, les iba a enseñar que es estar a oscuras, ellos no lo entendieron. Esa noche no había luna y las nubes eran muy espesas, entonces asentó sus tiendas en un hueco de planicie entre dos montañas de arena, vacas mugían por todo, vacas hacían mucho ruido, una tempestad de estas bestias se acercaba al campamento y todos corrieron hasta el maestro…  ¡maestro hay un problema!... El maestro se sentó y escuchó y volvió a escuchar entonces y todos dictamos y todos enseñamos esa noche lo que hoy ustedes aprenderán. Aun los demonios más grandes, aun los demonios de todos los dominios no tienen permiso para acercarse bajo esta oración. Salomón como burla de aquello, era más cómico de lo que ustedes pueden creer, llamó a esta oración El Salve de las Vacas. Las vacas se evaporaron esa noche, pero al pasar de los tiempos fue malograda y fue cambiada, su poder ya no sería el mismo. Habrá demonios que lleguen a ustedes, habrá demonios muy poderosos, habrá lugares grandes y pequeños a los que ustedes impondrán esta oración al llegar, la impondrán con cuatro fuegos llorones, también le llaman velas ustedes, las lágrimas de aquel fuego marcarán los puntos a proteger y el lugar será bendito. Azrael lo dictó, Uriel, Miguel, Rafael, Gabriel, Ariel, fueron parte del dictado.

 

Un pobre por la mañana

a casa de un rico fue

a pedir una bendita limosna,

señor por el amor de Dios.

El rico cuando lo vio

pronto se le sonrió,

siendo tan joven muchacho

por qué no aprendes oficio.

Mi padre fue carpintero,

tal oficio yo aprendí,

me sucede una desgracia

por la cual me veo así.

Yo no te pregunto de eso,

sino que vienes a hacer,

a pedir una bendita limosna,

señor por el amor de Dios.

El rico negó la limosna

al hombre que se la pidió,

de mi trabajo quieres lucrarte,

maldito pordiosero sos.

Al voltear en una esquina

cinco heridas le mostró,

un látigo las había hecho

y en su cuerpo él las marcó.

El rico de que esto vio

a sus pies se arrodilló.

El pobre corrió a él y le dijo disculpa,

perdóname Señor, no te he  reconocido,

el pobre vuelve y le dice

ya es tarde ¡quedas sin Dios!

Laica, Laica Señor,

un rico se condenó

por una bendita limosna

que al mismo Dios le negó.

 

 

            Se proclama las gracias con la cabeza hacia abajo, el ceño fruncido con algo de coraje y se mira hacia arriba, todo se disipará. Esta es la oración completa, espero dejen de pedirla.