El alma de Salomón

            Acudí a Salomón cuando fue perdonado por Azrael, debes recordarlo, lo observé y le dije ¡estás muerto muchacho! Me observó y me dijo mientras tenga carne y huesos… ¡no!... ¡Mientras tú no tengas carne y huesos para mí tú estás estas muerto! Alcé mis alas imponentes ante él ¿sabes acaso con quien estás hablando? Y él dijo “con un sirviente de mi Padre” ¿o me equivoco Miguel? Recuerdo que asenté mis pies y me senté y reí tanto que lloré, tomé forma de humano y comenté a aquel humano que ningún otro me había tratado como un inferior. Entendí entonces que aquel hombre había trascendido a la muerte, pues la misma muerte le había perdonado la vida y nos hicimos amigos, yo lo veía como hombre y solo él me veía como uno.

Salomón decidió entrar al averno, no para tocarle la barba al diablo, decidió hacerlo porque quería conocer El Hades, entonces observó a un amigo y le dijo yo sé que no eres Miguel, sé que sólo eres un portador, acompáñame, ven conmigo, escolté a Salomón, él no era bien recibido por aquellos territorios, pero su curiosidad me intrigaba mucho, me volvía más curioso de lo que ya era, entremos juntos me dijo. Sujeté una yunta de chonta, de ella desprendí el alma, el alma de una yunta es una punta larga que puede usarse como bastón. Salomón sujetó entonces el alma de la yunta y entramos al averno, entonces llegamos a sus dominios y él nos recibió imponente y grande, una bestia de cuernos, roja, con piernas de cabra recuerdo, con barba larga y oscura, una cola que terminaba en lanza con puntas perfectas en ella…

-¡Miguel!... estás muy lejos de casa.

-Sí, vengo a acompañar a un amigo, él ha decidido ofrecerte su alma a cambio del anillo contenedor, el que tú custodias.

Bajó su guardia entonces Luzbel, se paró frente a nosotros.

-Me he sacado entonces un gran premio, Miguel me visita y el alma de aquel al que recordarán por siglos será mía.

 Salomón entendió inmediatamente la broma, Luzbel no necesitó pergaminos ni firmantes no, sacó del fuego mismo un anillo que contenía veintisiete nombres en él, cada nombre rodeaba su parte interna y su parte externa también, oro macizo, oro del más fino y más puro también, una gema negra en él que brillaba en el mismo averno en la oscuridad, relucía a través del fuego que lo emanaba.

-No necesito papeles ante ti Miguel, solo tu palabra, su alma será mía y esto será suyo, manejará a los veintisiete de El Hades, él los usará a su conveniencia y los invocará también ¿tienes idea acaso Miguel de lo insignificante que me siento al tener esto bajo mi custodia y no poder usar a mis superiores a mi conveniencia?

-Sí. Por eso Dios te lo ha encomendado, como un castigo nada más.

Sonrió y mofó un poco, volvió a su seriedad.

-Toma muchacho, debo hacer un corte antes de que salgas de aquí.

-Shh Shh Shh ¿Un qué?

-Un corte, su sangre debe caer aquí, una pequeña incisión…

-No…no Luzbel… Muchacho dale tu alma a Luzbel.

El ser más justo que existe en una respuesta o un juego de palabras se llama Luzbel, sus cachos tienden a doblarse y su cola a retorcerse, pero no muestra su fastidio. Entonces el anillo que contiene las veintisiete almas fue cambiado por un trozo de madera, por el alma de la yunta. Salimos entonces y Salomón no tenía palabras y hacia lo mismo que ustedes, agradecer asintiendo con la cabeza,  antes de salir él lo hizo.

-No Salomón.

-Pero tú estuviste…

-No…

Al salir, Gabriel, Rafael y Uriel estaban parados a la entrada del averno, debo decirles que no fue nada grato. Preguntaron qué había pasado, por qué mi presencia en el averno, que había hecho Luzbel para recibir una visita así. Tranquilos, digan al Padre que he hecho lo que ha pedido, Él lo entenderá.

 Debo decirles que el Padre dice muchas cosas al oído, hay cuatro a su lado, pero solo uno lo escucha, aun los tres soldados no tienen derecho a sus palabras. Esto no es ego ni prepotismo, es enseñanza para ustedes, su propio Dios permitió a un hombre dominar demonios, dominarlos en la tierra, no como una muestra de su poder, como muestra de que un alma era superior a cualquiera de ellos y ustedes no lo entienden, ustedes que creen que porque son alma son inferiores, tú y yo sabemos la realidad, Salomón no tuvo espíritu, solo fue un alma, solo al morir su alma tuvo nombre y fue llamada espíritu y hoy se llama Salomón. No es lo que eres, no importa si eres alma o espíritu, tu alma es lo que debes formar, es lo que debe volverse grande y debe llevar el nombre de quien lleva.

 

            Iván es un alma nueva pero él lo entendió, él lo logró. Alma y espíritu por igual, Iam su yo, Iván es el nuevo espíritu, ante los ojos de su Dios, eso es gratificante, es digno, no importa si el Dios viejo o el Dios nuevo, son lo mismo, después de todo debo decir.