Libro dorado

Dibi

            ¿No me reconoces?

- Por supuesto que sí.

            Todos se preguntan por qué te llamo Dibi ¡Así pediste que te llame! Me dijiste que te daba confianza y así perdiste tu temor por mí, después de todo un niño pequeño y quemado no era muy agradable ¡te vuelvo a ver, te vuelvo a ver tan pronto!

- ¿Por qué me siento tan fuera de lugar hoy?

            Porque ayer estuviste entre superiores e insectos y hoy sólo entre superiores, no hablo del día, sino de la ocasión, sin embargo he llegado a dictar.

            Mi rango es similar al tuyo (Jandry), mas en él hay un humano (Iván), ella superior en todo sentido, pues no ha renunciado aun a lo que es, pero en rangos iguales inferior a mí, superior por lo que se le ha dado (Deisy).

Cuando veas a los que te rodean, de todos aprenderás, no importa cuánto tengas, no importa cuánto creas tener, que jamás sea suficiente para ti, no cierres tu mente, aun los sordos aprenden a escuchar, estás al lado de alguien que tiene oídos y ha aprendido mucho también. Ve al frente niña, no atrás, la paciencia no fue mi fuerte. No tuve niños, ni tuve que lidiar con ellos, pero si te puedo enseñar el cuanto repercutas en ellos para que queden o no regresen a tu hogar, no hablo de ahora no, hablo de su juventud, una madre que mira con desprecio a un hijo lo pierde en un futuro, la madre que teme mirar con desprecio al hijo, aprende a quererlo por la mala y luego por sí misma.

            Le deben una vela al hombre con la cruz detrás, sólo a él, a nadie más, él los ve ahora y ustedes no lo hacen. Muchas de sus dudas serán aclaradas, mucho de lo que quieran, si miran de frente no atrás.

- ¿Por qué soy la traductora de muchos?

            Porque tienes cerebro de rey, algunos tienen un gran cerebro, pero no les gusta abrirlo. Sigues con miedo.

- ¿Qué hago? ¿Cómo pierdo el miedo?

            Si un niño le teme a la oscuridad, no enciendas la luz y lo encierras en un cuarto oscuro y no lo sacas de ahí hasta que deje de llorar.

            Yo no recomiendo a nadie, pero soy obvio ante los movimientos de mi rostro, pues mi nariz apunta bien, él sabe qué hacer y no te costará mucho, a menos que tú no quieras, deja de comer carne de res y prueba la carne de culebra, me tienes un año con ese antojo.

            De todos mis portadores y protegidos, a ninguno se le había ocurrido hacerme probar algo nuevo y de pronto nació la idea, no es un reclamo, pero si también, sin ánimos de ofender y ofendiendo un poco.

 

Adiós a ti Dibi, pórtense bien y cuiden lo que estiman más que lo quieren, lo que se estima se lleva más, lo que se quiere sólo pasa.