Ver

No nos agradan las rancheras, no nos agradan.

            Nuevos y ancianos aquí, nuevos y ancianos y esta vez vamos a hablar bien.

            ¿Cuánto saben ya del nuevo libro?

- No lo suficiente.

            Hay pocos visitantes y otros que visitamos mucho. Se me ha enviado a saludarte nada más ¿a quién debo el honor? ¿A quién debemos el honor de la visita? ¿Sabes quién soy?

- Te veo tomando café, pero no sé quién eres.

            Luzbel, es uno de mis nombres, la bestia también, Luzbel si quieres o Lucifer si te caigo mal. He venido a saludar. Anciano que no toma café, no es sabio.

            Por respeto saludé a todos y sobre todos me rijo y me dirijo también, las responsabilidades se tomaron al fin.

            Te dejo claro muchacho, no retes al diablo. Los antiguos tenían un dicho “respeta a tu Dios, no temas al Diablo, pero no lo retes no vaya a ser que él quiera medir tu fe” ¡estúpidos hombres! ¡Basura de hombres! ¡Creen que yo me rebajaré a hacer que caigan o tropiecen o que se equivoquen, ninguno de nosotros lo hace!

            Nos respetamos Imamiah, le hablo a tu portado, te hablo a ti no a él.

            ¿Cómo va la política contigo? ¿Cómo te ha tratado?

            Preguntar, viejas costumbres, después de todo se arraigan. Existía un proverbio chino muy antiguo que decía que cada uno, cada uno de ustedes reencarnaría en un cuerpo nuevo y aquel que fue panadero volvería al pan, se dice que los dioses hicieron apuestas y a un solo hombre le dieron espíritu y en el pusieron la homosexualidad y volvieron a un hombre mujer y ¡oh sorpresa! En cada reencarnación sus afines no eran distintos y esperaron y no titubearon y decidieron alejar del hombre una bestia y de la bestia un león nació, un león con espíritu humano, su rugido era de hombre, de macho, sus manos igual, pero no se apareaba con las leonas, sólo buscaba y jugaba con ellas, ellas lo veían como amigo, lo veían como una hembra más. Aquel que nació para ser digno estará entre los dignos y aquel que nació para morir sólo morirá. Los caminos de la vida están escritos para ustedes, pero ustedes los moldean a su antojo y libre albedrío ¡una farsa! ¡Libre albedrío mis bolas! Y los maestros les enseñaron a cambiar de rumbo, a cambiar las ramas ¿no es así jumper? Aquel que domine su estado, aquel que deja el estado de sumiso ante la ley, ante lo escrito y predicho y se convierte en lo que llamamos jumper y así se conocerá, se convierte en quien salta y seguirá haciéndolo. Has preguntado qué falta de mí, me han enviado a responderte, deja de seguir la línea y salta, no preguntes como hacerlo no, a quien llamaste te visitará, él te dirá como saltar.

            Ni me temes ni me ves y te rehúsas a creer quien soy, siendo tú una de mis descendientes. Mujer si temes a tu fuente, tu fuente no te verá y no tendrás poder. Mírame, mírame ahora. ¡Dime! ¿Qué ves? No me veas entonces ¡mírate a ti! Ordena verte mientras me ves. He aquí mi lección para ustedes, han preguntado cómo ver, no importa que tengas en frente o que tan horroroso o tan hermoso se vea, si quieres verlo debes dejar de hacerlo y verte a ti mientras observas con tus ojos.

-¿Cómo?

            Sólo ordena y mírame mientras lo haces, que aquel que no vea también lo haga, así el susto será menor.

Todo gran político tienen quien haga el trabajo sucio, eso soy yo entre ustedes.

            Observa, se me ha enviado a darles ojos, se me ha enviado a contestar la pregunta que muchos han hecho ¿Cómo puedo verlos si no los veo? Ya he enseñado, pero no me quieren ver. Cuando estén listos me mostraré, cuando todos estén listos.

- ¿Ante el mundo?

            Ante ustedes, sólo a ustedes se les ha dado ojos y a ustedes se les dará el secreto. ¿Tú qué opinas? Ya verán.

-¿Cuántos sellos  se han abierto?

            Tres, pero ya se te fue dicho, quieres confirmar teorías, digno afato diría yo.

            Hace siglos, milenios ya, un hombre se paró frente a mi jaula, me dijo veme, veme, te quiero hablar demonio, busqué todas las formas de asustarlo, si lo hice, pero no se asustó, ni se infectó, ni corrió, ni gritó, él sabía que estaba sólo en mis terrenos, pero no temió de mí y le hice pasar a mi casa y en mi casa se postró y le enseñé lo que ha ustedes les voy a enseñar, a reconocernos y a vernos también, no seré pasivo con ustedes, si me observan sus ojos me verán, sólo si se ven a ustedes dentro, no vean su cuerpo, no lo vean más, olvídense de él y despójense también y no quieran verme, no me quieran observar ni a quien esté, no nos vean, pero sus ojos sí, que sus ojos lo hagan, no tu mente, no tu espíritu, no tú, sólo tus ojos, sólo tus ojos, si ya tienes tus ojos en mí, al igual que en cualquier otro, podrás observarnos como somos y seremos así.

 

            ¿Ahora nos ven o siguen ciegos? ¡Yo he cumplido!