Mshibama

Ser Dios

 

            Los nuevos afatos, fuertes… y Shussan, la escriba. Sabio, aprendiz de sabio, rudo. Me han enviado a dictar, Afael les saluda, les saluda a los tres, que lo reciba si lo quiere. No es este libro al que vengo a dictar, no es este, este es un nuevo libro, no es el escribano que busco, llegará mi turno contigo ¿Qué negligencia tiene el otro escribano? ¿Por qué el libro no se completó? ¿Falló en su condición de mujer acaso? Pregunto a los maestros frente a mí.

            Soy el que da inicio al conocimiento del “Libro Abstracto”, soy quien inicia o termina, heme aquí terminando entonces, el conocimiento que debía darse sólo será dado a los presentes, todos ellos son dignos.

Los grandes sabios, los primeros en la tierra, los que llevaban en su mente una broma, un ladrón grande da forma grande a su poder, el color, la cantidad, eran importantes. Ya han visto a ustedes y a otros, han olido el tiempo y han caminado en él, han observado sus líneas y las de otros también y tú muchas de otras… volviendo a las líneas espirituales, una de carne.

Ya han escuchado, pero aún no saben por qué, aun no conocen por qué y aun Dios lleva  un nombre entre ustedes y entre los científicos, los sabios de su época, nombre que ustedes llaman y desconocen, nombre al que mi hermano Yisthus les ha dado a conocer y les trata de encaminar, los hombres debían escribirlo en su pluma, no tenían el Dios, pues el Dios camina entre ustedes, el Dios es todo, es donde estás, tu cabello, tus manos, tu alma, tus puertas, tus ventanas, otros entes, alma, espíritu… todo es Dios. Cuando era niño, un anciano se me acercó, me dijo siéntate y obedecí, me dijo mírame, pero no pude ver su rostro, estaba parado frente a mí con vestido, vestido largo de tela gruesa, un cordón, un cordón dorado acariciaba su cintura, llegaba casi hasta sus pies, me dijo dónde estoy, yo dije ahí, estás ahí, me dijo no, no veía bien, mis ojos nacieron inútiles, solo veía sombras entre ustedes, no diferenciaba entre hombres de sombras y los que no tenían cuerpo, no es necesario ver me dijo, todo, todo cuanto toques y veas, todo cuanto sientas, todo cuanto extrañes, todo cuanto puedas leer, estudiar y abarcar, conocer, recordar y esperar, todo soy yo. Quien eres le dije, cómo te llamas me dijo, como me llamas tú, le dije no lo sé, no puedo verte, no puedo ver más que tu ropa, me da miedo mirar tu rostro, obsérvame dijo, fue mi error haberme apagado para ti, y llevarás en tus ojos el recuerdo que todos quisieran, muchos contarán historias, pues nadie ha sido digno aún, mírame y lo miré. No hay gratitud más grande para un hombre que ver su propio rostro en otro, no puedes definir su divinidad, pues si lo perfecto existe, se llama Dios, pero no podía llamarle Dios, no podía y no quise hacerlo y volví a preguntar quién eres, ahora no te temo, pero aún no sé quién eres, no me has dicho tu nombre y me dijo soy universo, soy tierra, soy planetas y sol, soy luna, soy influencia, soy mar, soy todo a tu alrededor, mírate como yo, siente como yo, cuando decidas, cuando decidas ser dios dejarás de ser hombre y serás universo, uno solo en energía, en vida, en muerte, uno solo, y en tanto uno, todos serán tú y los verás y deberás callar y sabrás que hacer y darás el merecer o no, conciliándote en su fe, en su reposo espiritual, sin lástima, pero el hombre es menor. Salí y comencé a ver, perfecto igual que ustedes, el ver perfecto es ver uno con todo y todo con uno, tus ojos no ven el lugar en el que están, tus ojos deben preguntar dónde no debo estar. Todos los seres caminan entre ustedes, seres con alas y sin alas, seres perfectos e imperfectos, demonios de huestes y huestes de demonios, ángeles de legiones y legiones de ángeles, duendes, elfos y hadas caminan entre ustedes, les llaman ilusión, nada es ilusión, es la perdición, la perdición de quien muestra su parodia y no su vida, todo el que dibuja y estrecha, todo el que muestra una brecha de talento, guiado por lo que ve, no por su locura, sino porque Dios se lo permitió así, porque el universo le permitió ver, será condenado al peor de los castigos de la mano y garra de Luzbel en el infierno, pues se negó a sí mismo ¡hay del hombre  que niegue el don que Dios le ha dado, pues el universo no perdona ni Azrael tampoco! Aquel que niegue lo que es, plasmando en hojas de cuaderno, plasmando en hojas de larel, pergaminos o imágenes u otro tipo de ilustraciones, solo será condenado, si para otros es humano, pues ni siquiera es eso para ellos, solo un hombre con talento, nada ni nadie.

Soy quien soy, pues soy el universo, soy superior a ustedes, pues Dios así lo quiso, no soy ególatra, te mostraré quien soy frente a todos, sin miedo, sin vergüenza, sin testaferros, pues mi lengua está bendita y tus oídos no.

Como ser uno con el universo, no negándose a ser el universo, el universo combina la materia y la energía, aquel que olvida o rechaza la energía del universo, para ser lo que la materia quiere que sea, habrá rechazado a Dios y a sí mismo.

 

Este es mi mensaje, esto es lo que voy a dictar, son grandes y poderosos, son líderes entre hombres, son fuertes, pues Dios así lo quiso, son perfectos, aunque estén feos, Miguel lo dijo antes que yo, incluso antes de que descendiéramos entre ustedes, muchos ángeles deseaban la tierra y algunos preguntamos por qué, y Miguel respondió, porque son perfectos aunque sean feos. Es grato saludar, es grato visitar, es grato ser diferente, yo al igual que el resto me equivoqué, tuve más poder que ninguno de ustedes, el mismo, el mismo Viejo Loco me miraba con respeto, no con temor, pues jamás reñimos, pero me enfrente al infrentable, era sabido que era inconfrontable, poderoso, él puso cadenas en mí y me gustó que lo haya hecho. Fui digno, fui llamado digno, fui quien de entre todos vio su rostro y quien se atrevió a caminar entre hombres y dejó de ser universo por una mujer. Cuando descubrí que había perdido mi camino, nadie quería enfrentarme, ya había tenido demasiado poder y reté al hijo de mi amigo, sabía que la mano de mi amigo era suficiente, pero él me dijo no, será una pelea de titanes y no aguantarías la humillación, no quiero que me busques, no en cada vida para volverme a retar, te daré un contrincante al que le temerás y como tú conoces a tu amigo y tú también y es nuestro amigo, no se equivocó, Efesthus me encadenó, puso cadenas en mis manos, puso su rodilla sobre mi espalda, no sé  por qué lo hiciste, no sé por qué me has retado, perdóname, pero solo así puedo detenerte, previo a eso tomé mi forma real frente a todos en el pueblo y los vi como son y les llamé insectos y les llamé impíos, mugre, carne, hombres y me dio asco y sus cadenas me golpearon, hizo oscuro mi rostro, pero él tenía la forma de uno de ustedes y recordé porque los queremos tanto, porque son lo que no podemos ser y lo que jamás seremos, son parte de un Dios que existe en ustedes y nosotros no, nosotros solo servimos. Espero haya de servir a ustedes lo que les he dicho, pues este conocimiento no será dado a ningún otro hombre y volveremos a hablar.