Una historia

            ¿Sabes qué es lo mejor que tiene el hombre para los nervios? El hombre que no sufre de nervios es el hombre que vive, como, cuando y porque le da la gana, no llena su entorno de cosas aparentemente malas, de cosas buenas que terminan siendo malas, de miedos que lastimen a uno de los nuestros.

            No importa cuánto tiemble todo a tu alrededor, tú tiemblas si quieres temblar, sé más fuerte.

            Hay edades en las que el hombre puede consumir químicos de hombre y hay edades en las que no debe hacerlo. Hay remedios de hombre que no son químicos. Cuando un sanador llega a ti y dice “toma pasiflora”, pero tú decides no hacer caso y buscar otra manera de aliviarte, te dejarán caer solo para observarte.

            Todo está en ustedes, en su naturaleza, el conocimiento se le fue dado a todos, habemos quienes conocemos más, hay quienes conocen menos, lo importante es saber a quién dar las gracias, cuando das las gracias, las cosas salen mejor para todos.

            No te digo despreocúpate de los que amas, te digo despreocúpate si los amas.

            Tienes que observar antes de esperar que algo malo pase, tienes que pensar con cabeza fría y pedir a Dios que cuide y proteja, si se dice claro y no con fe, tampoco con devoción, sino con firmeza, significa que sabes que ya se dio y si tú sabes que ya se dio, el universo también lo sabe.

            Vive despreocupada, vive tranquila, no incumplas como mujer.

            La necedad del hombre lo ha llevado a condenarse o a perder, nos agradan los tiempos, los tiempos nos agradan.

            Para todo existe cura.

 

            Observé a un demonio rojo sentado en una esquina, me quede ahí y lo observé y lo observé, tenía nervios, ganas de correr al baño, me acerqué entonces al demonio, algo en mi cabeza dijo toca su hombro, como si tocaras a un hombre con pena, toqué su hombro y el demonio me miró, tenía mucho miedo, le pregunté qué observas, dejó de verme y siguió observando, he fallado me dijo… y me senté, me senté a su lado, no había un alma cerca, no había nadie, ni con quien hablar ni con quien pelear, no tenía miedo de que me roben, no tenía nada… ¿Pero qué hiciste demonio?... No es lo que hice me dijo, es lo que no he hecho… explícate, tus cachos no me dejan percibir bien las palabras… río muy sarcásticamente y dijo observa…  no, no veo nada… eres muy hombre, como para hablar en ese tono conmigo, no sé si eres idiota o demasiado inteligente, así que no me arriesgaré ¿ves a aquella mujer allá adentro?...  Yo pensé que querías que vea algo diferente, como se me iba a ocurrir que querías que vea a esa mujer, no está nada mal, pero era que me lo digas…  no, tú asumiste que yo te pidiera vieras algo irreal, yo solo te dije observa… bien ¿y a que viene la chica?...  Mira en las esquinas me dijo… Los faros ¿te refieres a los faros?… si Gregorio, tranquilo sé tu nombre y el de muchos más. Esos faros, a diferencia de aquella muchacha, si existen, pero existen en mi plano, no en el tuyo, esas cuatro antorchas a su alrededor se llaman sello y son hechas por un hombre, al fin por un humano. Me quedé pensando y me atreví a preguntar ¿Qué es un sello? Su respuesta fue “lo que ves”…  Me van a reprender Gregorio, después de que me canse de estar aquí sentado, me van a reprender… pero no fue tu culpa porque se supone que no puedes entrar a ese lugar, hay un sello ahí... No, yo debí atravesar el sello sin importar que pasase, si yo lo intentaba al menos, solo hubiera regresado a mi lugar de origen, pero intenté cumplir mi orden y la cumplí a cabalidad, aunque me haya costado la muerte, aunque me haya costado otra vez el exilio, pero decidí quedarme entre ustedes, a disfrutar un poco más de los hombres, a verlos equivocarse y a ser parte de sus equivocaciones… ¡ahora si suenas a demonio!  y también se rió. Un hombre y un demonio no somos tan diferentes, me dijo, tú estás dispuesto a servir a tu Dios, nosotros ya servimos y no tenemos alternativa, debemos seguir sirviendo, tú tienes libre voluntad, nosotros tenemos trabajo que cumplir, mi trabajo era mover la escalera, la que está usando ahora, observé y no pregunté más, entendí que tan fuerte podía ser un sello y lo aprendí. No hay hombre necio en la vida, realmente hay hombres tercos que deciden equivocarse por sí mismos, el arriesgarse no es equivocarse, el arriesgarse es ir con todo contra la vida, sin esperar nada a cambio, sin esperar nada de la vida, cuando has logrado dominar ese concepto todo llega a ti, todo se te es dado. Un demonio en la noche aprendió que no puede entrar en lugares donde la luz protege porque será consumido por ella y yo aprendí esa noche que los demonios lloran, que deben cumplir órdenes y que si no las cumplen son castigados, al igual que un conscripto en cualquier ejército, aprendí que no hay que confiar en los demonios y tampoco en las mujeres que suben escaleras, hay riesgo cuando una mujer sube escaleras, el demonio puede jalar sus pies y hacer que caiga de ellas, pero si la mujer está protegida nada pasará, si el hogar está protegido, nada pasará, ni los demonios, no importa de donde vengan, no podrán llegar. Me levanté y el demonio sujetó mi brazo, ¿a dónde vas?... a mi casa, tú deberías ir a la tuya, entonces me soltó y se soltó a reír otra vez… suenas cruel Gregorio, sabes bien lo que pasará si llego a mi casa… y fue la primera vez que entendí que todos escuchan, que aun un demonio escucha, que un ángel lo hace también, hoy que soy espíritu los sigo escuchando y ustedes me escuchan por compromiso, porque necesitan algo de mí, por el solo hecho de necesitar algo de alguien aprenderás a escuchar,  los hombres tienen ese privilegio, los sirvientes de luz u oscuridad no, los sirvientes de Dios tampoco, cuando una orden es directa tenemos que ayudar, no digo que lo hago de mala voluntad, solo digo que no todos son dignos en realidad.