El diluvio universal

Se encontraban nueve seres regados en diferentes tierras, cada uno en su trabajo, artesanos, carpinteros, los vi sentados, cada uno en su mesa con su familia, con sus hijos tranquilos, y en la noche un susurro a sus oídos:

-levántate-

A media noche se levantaron, tomaron sus capas y su ganado, se reunieron nueve hombres que entre si nunca se conocieron ni se conocerán jamás, y sintieron a los nueve seres descender sobre ellos, perfectamente limpios y fuertes, seres que nunca habían pisado la tierra, tan fuertes y tan brillantes que el mismo Yavé miró su poder y les dijo:

-Cuando ustedes se unan siendo uno, aquel que fue será libre, pero no más fuerte que yo, porque una parte de él está pegada a mi, porque tu Dios no es y nunca lo será ninguno de los ocho, solo yo soy tu Dios, y soy celoso-.

Tomó cuerpo el noveno, pero se negó Ramael, obligado por una forma cada uno ocupó su cuerpo, su forma correspondiente, Gabriel tomó forma de peregrino y se acercó a Noé y le dijo:

-Hombre vengo de parte de aquel que nunca tendrá nombre, tu eres justo, ocúltate, la destrucción viene, forma un arca que será tan grande como cien mil hombres y tan ancha como tres mil y en ella ocultaras aquello que no deba perecer, pon tu nombre y orarás a Yave millón de veces antes de dormir, cundo despiertes todo será calmo.

Los neflin o caídos habían otorgado a la mujer el poder de conceder lo que el hombre quisiese porque los ángeles se habían enamorado de las de ellas y les habían confesado todo aquello que sabían, que no debían decir; en ese instante nació el Grimorium, libros que contenían el secreto del universo, para que el hombre lo conociera y lo entendiera todo; pero el hombre es soberbio y utilizó todo aquello que le fue enseñado por la mujeres para su propio beneficio.  Ni el mismo Lucifer había tenido tanto poder, y el hombre siendo el único ser libre se aprovechó e hizo lo que hizo, hombre contra hombre, hermano contra hermano, carne contar carne.

Noé se encerró en su arca, pero no fue el único hombre que lo tuvo que hacer, por extraña razón fueron nueve, uno en cada región del planeta, Yave cerró sus ojos y dio su espalda al hombre, y los nueve tomaron su poder, Rafael removió la tierra, Uriel encendió el fuego, Miguel retumbo en el agua y le dio consciencia y poder como lobos salvajes, Zaquiel encendió el viento y lo convirtió en águilas que destruían todo aquello que en su paso se atravesaba, la muerte sonrió contenta mientras recogía las almas y las enterraba para siempre, pero Azrael dijo que esto no debería suceder, mientras Samuel encendía la luz para que sus hermanos hicieran lo que tenían que hacer, Gabriel pregonaba en los nueve universos, pasó de tierra en tierra de país en país diciendo:

-Aquel que se oponga a Yavé la muerte merece, fíjense en lo que hizo con aquellos que tanto quiere, que haría con ustedes que no son nada-

Aprovecharon su sed, y se mueve y se mueve, pero el hombre no es tonto proviene de Yavé, creo unos pilares, uno en piedra, uno en mármol y uno en madera para que resista el fuego, polvo y tiempo, y en los pilares fueron escritos los Grimorium, así que aquello que los ángeles quisieron destruir fueron los pilares, y mientras Noé y su nave descansaron en su torre, a los hombres se les daba muerte.

Pasado mucho tiempo después de un descanso, vi a un hombre sentado en una esquina, con túnica negra, mientras los nueve destruían, este hombre escribía, Yaktuk-Amael-Nake, mi nombre es este, vi a los nueve seres reunirse y decir sus nombres antes de despedirse, el ultimo en irse fue Azrael, quien dijo:

-sobre toda la destrucción causada, después de la muerte, el renacer-

Vi a los nueve hombres caer desmayados y a los ángeles largarse, ellos no recordaban nada de lo sucedido, mas el hombre sentado con las piernas cruzadas, cuya túnica cubría todo el cuerpo y rostro durante la batalla dijo:

-cuando esto vuelva a suceder, será más fuerte porque atacará sus mentes (su consciencia), no su sangre ni su simiente-.

Se dará la muerte del último ser en la basílica de Santa Teresa, y bajarán Elías, Salomón y Jesús, y cuando regresen pobre del que no se adhiera al hijo, tendrán que despertar los nueve, y los nueve se unirán y tendrán una sola consciencia, la consciencia será tan fuerte como un águila y todo aquello que se encuentre a su paso será su presa, y la consciencia será una sola.

A los portadores me hicieron llamarlos portentos, porque son milagros, no son humanos normales, el único que conservó la consciencia de lo que sucedió fue el hombre que estuvo sentado ahí y Edress, a mí se me dijo que debería recibir a aquel que era el escribano de Dios.

Nunca me dieron nombres, cuando los portentos despertaron no recordaban absolutamente nada de lo que sucedió, sólo uno, el que estaba escribiendo y me dijo que su muerte no llegaría hasta que yo naciese, y me mando a buscar la siguiente imagen, me dijo

-cuando los encuentres podrás entender a donde perteneces-

 

En ese instante desperté, a partir de entonces comencé a buscar partes de hombres y esencias para poder sellar, mas aquellos que lo busquen no lo encontrarán; demonios, ángeles y otros seres.