91. GJ: La necesidad de abrir los ojos cada mañana nos obliga a vivir condicionados a la vida, sólo aquel que ha trascendido el principio de la vida como un camino que lleva a la muerte, sin temerle ni esperarla, es visto por el universo como diferente entre los demás y merecedor de la vida misma.

92. GJ: Hoy alguien ha muerto, aquel muerto está muerto, el vivo ante el muerto quiere morir, la muerte no se siente culpable, al culpable no le importa la muerte, a Dios le importa un bledo, pues su dedo ya apuntó, ángeles y arcángeles, santos y santitos, vírgenes y no tanto, nada pueden hacer, cuando la muerte el hilo de la vida ha tenido que romper la piedad no indulta a nadie del proceso y la vida debe continuar.

93. G.J.: No puedes convertir lo que por nacimiento es único y tiene una sola forma, al intentarlo sólo lo harás ver diferente pero su esencia jamás.

GJ: Una mano que guía con fe no necesariamente es la guía de un maestro, un humano puede ser un título grande sin llegar a ser maestro sino guía de uno.

94. GJ: No existe el tiempo, somos parte de nuestro propio sueño, la muerte es sólo el insulto a nuestra conciencia inerte como prueba de que seguimos dormidos, sólo aquel que despierta se da cuenta de que toda existencia sigue aquí y que él ya no existe.

95. GJ: Deja de quejarte de las piedras que te encuentras en tu camino a diario detente un momento y quilatas de él.

96. GJ: Quien vive sirviéndose a sí mismo morirá como vivió, solo, y con la idea convertida en esperanza, de que quienes le dijeron que lo querían, volverán a su vida en el último momento.

97. GJ: Y los inteligentes no son los agresivos, sino aquellos que con las palabras más sutiles y la humildad de las mismas, destruyen los muros de los que se creen reyes.

98. GJ: Los golpes de la vida no llegan para enseñarnos a vivir, llegan para probar nuestra resistencia frente a nuestras ideologías, fe y principios morales. 

99. GJ: Quien no hace conciencia de sus errores y los somete a corrección y perdón propio, volverá de sus errores un hábito que terminará destruyendo a sí mismos y a los que lo llegan a considerar parte de sus vidas.

 

100. G.J.: Una piedra siempre será una piedra, no importa si la pules, la pintas, la maquillas o le das otro nombre, siempre será lo que Dios hizo de ella, una piedra y nada ni nadie cambiará eso.