Paola

¿Quién me llamó?

-Yo, Paola.

            ¿Qué quieres mujer?

- Quería saludarte primero y después que me digas porqué te alejaste el último año.

            Ustedes ya no deberían existir, mas no es lo que te aqueja ¿para qué me llamaste?

- De verdad quería saludarte. Desde hace un año que no te veo, no te escucho, no te siento, yo sé que pedí que te alejes, pero fue porque tenía miedo.

            Todos ustedes tienen miedo tarde o temprano…

- ¡Gabriel ahí nomás!

            Solo afatos, solo Arí, Shussan… y pones un niño ante mí…

- Pensé que no te molestaría.

            No me molesta, su esencia algo.

            Hueles el miedo, te estás apagando. Por eso me ha traído ¿Qué quieres de mí?

- Que te acerques de nuevo, tú me diste muchas respuestas en su momento…

            ¿Esta vez no vas a decirme que no estás lista?

- Ya estoy lista.

            Hay algo que no se puede en ti.

- Hay muchos golpes.

            Entonces es verdad, tú te volviste tan sádica como yo.

- ¿Cómo tan sádica? Yo solo quiero que se apacigüen las aguas sin nada a cambio, no más quejas, Gabriel no más.

            Quedan pocos días a la cabecera.

- Los voy a vencer y te veré de aquí en sesenta días, mi cuerpo está completamente destruido, lo sé y lo siento, pero voy a vencer y tienes que ayudarme a que todo se estabilice, no te pido de favor porque sé que lo vas a hacer, quiero que me escuches nada más, siempre estuviste ahí…

            ¿No puedes cierto?

- Siempre estuviste, Gabriel siempre estuviste ahí y siempre me hablaste…

            ¿Y tú que hiciste?

- Te escuché, te escuche hasta que ya no quise más porque hablabas mucho y a veces tus palabras no son suaves, Gabriel no son suaves.

            ¿De qué sirve hablarle con suavidad a un humano?

- Gabriel, soy mujer y soy yo… hay veces que te olvidas y hubo veces que lo hiciste con todo el amor del mundo. Gabriel yo te quiero mucho, pero tú te alejas y me dejas botada, yo sé porque yo tengo fe, yo creo en ti, yo creo en tu poder, aquí estoy y estoy pidiendo que vuelvas de nuevo…  Gabriel quiero saber si mi padre va a volver antes de que yo muera, no quiero ir sin despedirme quiero saber si va a volver o cuántas vidas más me debo quedar aquí.

            Me haces reír, conoces la respuesta, yo lo hemos discutido.

- Si, pero quiero oírte ahora en este momento.

            No ¿cuántas veces quieres que te lo repita?

- ¿Cómo me despido de él? Gabriel tú eres poderoso, puedes traerle, puedes traerle.

            No soy quien los trae.

- ¿A quién acudo?

-Anathzaquiel.

- Ves mi futuro, siempre ves mi futuro, siempre me mostraste, me abriste las puertas, me mostraste las ramas.

            ¡Basta! ¡Basta! Pediré un plazo para ti, uno, Afael ya lo dio, al parecer el hombre de traje también se involucró.

            Un hombre caminaba solo en el desierto, llevaba treinta días sin agua y sin comer bocado alguno, era grande, era fuerte y pidió a Dios le ayude…

- Gabriel… ¿y yo?

            Te dije y lo repetiré, sé clara y exacta.

- En un momento quise desencarnar por el dolor y deje que eso se apodere de mí.

            Todavía queda hablar con Azrael. Cuerpos humanos.

- El alma es cuerpo. Tú me dijiste desencarna, tú no sueles equivocarte, tú no te equivocas.

            Aun los grandes moribundos con grandes personajes detrás han necesitado de la mano de un tutor. Se te dará el tiempo que te queda si no te medicas, si lo haces de mi mano correrá la prórroga, fue muy larga he dicho, en cincuenta y ocho días estaré en tu cabecera si no es así.

            No puedes pedirme que sane llagas en tu cuerpo, no soy médico. Ya está resuelto y les costará y luego ante ti, pero ellos verán sangre.

- Todas las demás cosas se resuelven a partir de eso.

            ¿Por qué debe importar lo que está fuera? Ya me han dado el permiso.

- Ya me conoces y sabes como soy yo.

 

            Deja tu debilidad, si me quieres en tu vida es mejor ser llamado maldito que pordiosero y jamás he estado con pordioseros. Quiero y debo ser claro, tú solo debes estirar la mano y el médico  dará la prórroga sobre ti y estarás fuerte como te conocí, no como lo que veo este momento. Deja de compadecerte a ti misma y deja de pensar en que lo haces por tus hijas, si no lo haces por ti nadie te ayudará. Sé cómo eras antes, cuando pensabas en ti, devuélveme a esa mujer, no a esto en lo que te estás convirtiendo.