Lealtad

         Algo más allá de los dieciséis, una conciencia más grande que la mía me ordenó destruir al viejo, no puedes destruir lo que amas, quien intenta destruir lo que ama quedará vacío y aunque viva rodeado, siempre vivirá solo. Aprendí a encontrar y aprendí a reconocer los corazones y las mentes destrozadas y aprendí a curarlas, a mediar por ellas de una u otra manera. Viví como ermitaño, no lejos de la conciencia de quienes me rodeaban, visitaba periódicamente a mi padre para aprender, para consultar, para crear para mí mismo la idea perfecta de cuanto quería destruirlo y cuanto deseaba no hacerlo. Debes estar al lado de lo que quieres destruir, solo así un impulso, un impulso presente te enseñará a no hacerlo.

Hay muchas formas de amar, para ustedes hay diferentes tipos de amor, para nosotros solo uno, se llama lealtad, fui leal hasta el día de nuestras muertes, aun en mi condición, cuando me veo en este plano, lo extraño de alguna manera, pudo dejarme morir, pero escogió y decidió que era bueno.

Visitaba frecuentemente a la bruja, la bruja me enseñó varias cosas, jugar y observar.

Una buena historia se relata de pie. Un padre no es el que te lleva de la mano, es el que te enseña a usarlas, aprendí a ser franco con él y, por voluntad propia, aprendí a desarrollar la fuente de mi poder de entre ustedes, eso logró la mujer que podía desnudarse frente a mí y verme erecto sin querer tocarla, lo hizo varias veces, incluso fue mi maestra, debo dejarte claro, nunca fue mía, fue su forma de enseñarme, esto a diferencia de muchos de ustedes me enseñó autocontrol, me enseñó decisión, me enseñó que dos tetas y un trasero no son iguales que una vagina y que una vagina solo trae problemas que lloran.         

Aprendí entonces a vivir como hombre, a diferencia del resto de mis hermanos, no quise perder mis alas.

Un ángel es completo, un hombre no, pero cuando un hombre se iguala a un ángel o cuando un ángel se iguala a un hombre, el ángel ya no será completo, estará roto entre su plano y el vuestro, nunca procreé, siendo así no me enamoré, pude ver un cuerpo desnudo perfecto frente a mí en todas la posiciones conocidas, observaba como caminaba y se movía, como respiraba, como movía sus pechos frente a mí y un día ya nada tenía sentido, ni su cuerpo ni el de nadie más, si preguntas que aprendí, soy quien tiene el control de mí mismo, soy quien aprendió a ser un hombre sin necesidades, el único afecto que necesité vino de la mano de un padre, de esos que pocos pueden tener.

¿Has escuchado que la paciencia es un don?... es una estupidez…

Puedo verlos, podía leer las intenciones de un pájaro y verlo a kilómetros de distancia, puedo ver las intenciones de un hombre a miles de kilómetros de distancia y los de una mujer a escasos centímetros, mi don, no sabría que don, más bien que nombre ponerle, se me dio la capacidad de verlos y en algunos de ustedes está pendiente esta capacidad. Soy lector como pocos existen, pero no leo insignificancias de mesa, leo la esencia de un ser y si quien me ve no tiene esencia, nada tengo que ver en ese cuerpo.

En tu universo no existen las cucarachas, existen las consecuencias de los huevos de cucaracha que llevaron a casa y no destruyeron, no hay mucho que hablar de mí, aun así lo que he dicho es gran parte de mi historia, un ermitaño solo vive siglos y yo los viví, no quisiera ser ustedes y sé que no soportaría ser yo.

He observado y aprendí que hacer, no seré parte de su redundancia, aun así escucharemos voces y sugerencias, que no se quite el medio que lleva algo a la casa, sin embargo debes agrietarlo antes de que alguien más lo haga, hay lugares que otros pueden ocupar para su conveniencia y sus necesidades, algunos deben aprender que las necesidades pueden ser pequeñas o grandes y hemos visto la necesidad de sus cercanos y es pequeña, nuestras necesidades son pocas.

No hay forma de que un sapo salte al vacío, apostaré mi sueldo, señor, a que el sapo salta en el vacío, tenemos un trato dijo el comensal, entonces el muchacho tomó un balde y escribió rápidamente en él “el vacío”, puso un sapo sobre la mesa y asustó al sapo, este dio un salto y cayó en el balde “vacío”. Nunca es lo que escuchas, es como lo escuches, nunca será lo que has dicho, sino como lo digas.

 

En la vida hay dos tipos de premios, el que creemos tener y al que le damos la espalda, en ambos casos este premio se llama vida, muchos dejan de vivir cuando están  cerca de alcanzar sus anhelos o al menos de recuperarlos, es bueno que quien muera recuerde sus anhelos y pobre de quien olvide quien es o en que se ha convertido o le han convertido, solo así la manija dictará un león en lo que hoy parece una alacena y aun un león herido es más fuerte que una alacena, preguntaste que aprendí, lo que estás escuchando, fui alumno del maestro que precede a mi padre y maestro.